sábado, 9 de mayo de 2015

Premoniciones

Un día en los confines de la China, el pescador Shuan-Lee, de la aldea de pescadores, en vez de sacar brillantes peces en sus redes las sacó rebosadas de perlas, para alegría de los ojos de sus mujeres y codicia en la mirada de sus hombres. No pasó mucho tiempo para que todas la redes de la aldea se carguen de redondas y coloridas perlas, para tristeza de sus hombres y desesperación de sus mujeres. 
Los residuos de las innumerables guerras habían acabado con el comercio, más aún, no se sabía de ningún poblado cercano o lejano. Las mujeres cosieron con las perlas bellos trajes minuciosos en detalle, daba gusto verlos resplandecer al sol, pero el hambre crecía y el mar indolente, sólo echaba perlas de sus fauces. Pronto los hombres renunciaron a la pesca y las mujeres taparon los ojos de sus hijos. Muchos huyeron en busca de un poblado pero no regresaron nunca, hubo otros que tras la desesperación metieron un puñado de perlas en su boca, nada más que para escupir los dientes. 
Al despertar Shuan-Lee sintió que uno de sus dientes flojeaba, recordó a los profetas  y tuvo miedo, enseguida la primera explosión tiñó de naranja el cielo. 

 

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