Me
nombra y soy su piedra,
una
mirada angular de un ocaso en el puente.
La
acumulación del hastío en los platos
o
los trozos de una ventana.
Cada
capricho es una danza
y
los gatos son almendras que esconden putrefacción bajo el confite.
Las
sábanas mal lavadas,
el
olor a moho comprimiendo las venas,
la
conspiración en la ladera.
Quizá
los pasos de la serpientes
no
vuelvan a mis sueños,
no
quisiera, sin embargo,
pero
encuentro dientes esparcidos por el suelo.
Los
casetes pierden su cinta
y
con ellos voy muriendo.
No
siento la fluorescencia en los objetos
como
si un viejo leñador se llevara las sombras
y
explotaran papeles en su vientre.
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