miércoles, 20 de agosto de 2014

Escribir desde los atolladeros donde se proyecta la sangre y se precipita la espera.
Escribir para gritar la angustia, las planicies y los atorados dientes que caen en sueños.
La muerte.
Escribir para gemir este repudio de costra, momificar las piernas y engendrar anacoretas predestinados a morder piedras.
Escribir como el óxido en las uñas, las manchas en la alfombra, la proyección a algún recuerdo.
Mordisquear las sábanas o destruirte el cráneo pensando, arrullando comején de hormiga e insecticida.
Despreciar la paz,
                              las heridas.
Querer… pretender ser el vómito de la tierra, ahogar las malformaciones,
                                                                                                         hederse de besos.
Destripar puercos,
barnizar con uñas,
                           atollar versos.        


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