Escribir desde los atolladeros donde se
proyecta la sangre y se precipita la espera.
Escribir para gritar la angustia, las
planicies y los atorados dientes que caen en sueños.
La muerte.
Escribir para gemir este repudio de
costra, momificar las piernas y engendrar anacoretas predestinados a morder
piedras.
Escribir como el óxido en las uñas, las
manchas en la alfombra, la proyección a algún recuerdo.
Mordisquear las sábanas o destruirte el
cráneo pensando, arrullando comején de hormiga e insecticida.
Despreciar la paz,
las heridas.
Querer… pretender ser el vómito de la
tierra, ahogar las malformaciones,
hederse
de besos.
Destripar puercos,
barnizar con uñas,
atollar versos.
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