jueves, 15 de agosto de 2013

Yasuní

Pronto caerá la noche
y el oxígeno se disolverá.
Veré tus manos,
que un día fueron tiernas,
construir un paraje soñado.
Tal vez no,
tal vez es fruto de la imaginación
o la indignación que busca héroes.
Yo no lo sería,
no tengo esa fuerza.

Pronto caerá la noche
y el oxígeno se corromperá,
apenas podré escuchar tus pasos
porque la hojarasca será remplazada
por el leve gris.
No puedo mirar los carros,
el aullido lúgubre de un pájaro
eriza los poros de mi piel.

Pronto caerá la noche
y el oxígeno se venderá en la esquina
de la mano de un pan
con agudo sabor a estiércol.
Los ríos se están tornando negros
y el azul que recuerdo
no se distingue sobre las nubes.
El agua no corre por mis venas
y la sed.

Ha caído la noche
con sus hachas sobre el bosque,
los sueños no se ven en las estrellas,
tampoco se oye el murmullo,
sólo el silencio
y el silencio en el bosque
aterra.



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